sábado, 23 de junio de 2018

La batalla de Marengo

Victoria "en la prórroga", del ejército francés en retirada, que salvó la situación por la llegada al campo de batalla de una de las avanzadas que Napoleón había desperdigado por el norte de Italia, en busca del grueso del ejército austriaco, y que hubieran sido vitales unas horas antes.

El lienzo de Jean Broc escenifica la muerte del general Desaix al término de la batalla. En realidad, la muerte del general ocurrió horas antes, en el fragor de la lucha, y su ayuda de campo le anunció la victoria cuando estaba moribundo. Frente a él, Bonaparte aparece como el gran vencedor. El elogio de la heroicidad de la muerte de Desaix sirve a los intereses políticos del primer cónsul y permite hacer olvidar lo incierto del combate.

(Escrito el 14 de junio de 2018, 218 aniversario de la batalla de Marengo.)

La batalla de Waterloo

En Waterloo el planteamiento estratégico de Napoleón Bonaparte fue, una vez más, brillante. (No cabe duda que sobre el papel ganó esta batalla). Para anular la superioridad numérica del enemigo, parte de Charleroi hacia Bruselas a las 15 horas del 15 de junio, introduciendo su ejército como una cuña entre el prusiano y el comandado por Wellington (compuesto de belgas, holandeses y británicos) separándolos y robándoles un día de marcha, planeando una primera batalla de destrucción contra los prusianos de Blücher, mientras contiene a los británicos, para después lanzarse a destruir a éstos. (La conocida como estrategia de la posición central.)
Sin embargo el día decisivo, el de la batalla de Waterloo, los ejércitos de la coalición volverían a unirse, porque Grouchy (al mando de 30000 franceses) después de la derrota de los prusianos no pone mucho empeño en su persecución y no impide que se unan al ejército de Wellington, para más inri no acude al campo de batalla de Waterloo, distrayéndose en el ataque a la retaguardia prusiana. La realidad es que Napoleón ha perdido a sus jefes más competentes durante los 20 años de guerras precedentes (le queda a Davout, al que tiene que dejar para controlar la situación en París), siendo Grouchy uno de los ejemplos perfectos de que la plasmación de la estrategia fue un desastre. Junto a ello, padeció una enfermedad estomacal que le puso, por así decirlo, fuera de acción en sus tres últimos años de guerra, y sin cuyas dolorosas crisis, su intrepidez y resolución, habrían continuado siendo las mismas que en su juventud, y la historia de su caída, así como la de la Europa hubiesen sido otras.

Entre esta batalla y la de Marengo habían transcurrido 15 años y 4 días, casi todo el tiempo en que Napoleón desarrolló su obra política como máximo dirigente de Francia. Como señala Emil Ludwig sobre la última Constitución promulgada bajo su gobierno "contiene todos los elementos de una Constitución democrática moderna; marcando un progreso decisivo sobre el derecho constitucional, sirviendo de ejemplo a todos los legisladores ese siglo. Nadie podrá sustraerse ya a su juez natural: nadie podrá ser encarcelado o desterrado sin un juicio legal; toda libertad es devuelta a la prensa y al ejercicio de los cultos. Todos los privilegios son abolidos, las discusiones serán, de ahora en adelante públicas, las Cámaras tienen derecho a proponer leyes, y a rechazar el presupuesto, los ministros serán responsables ante ellas y los diputados serán los encargados de presentar leyes nuevas".

(Escrito el 18 de junio de 2018, 203 años después de la batalla más importante del siglo XIX. Waterloo.)

jueves, 3 de agosto de 2017

Cannas

2 de agosto del 216 a.c. -ya ha llovido- en la bucólica llanura de Cannas, situada en el sur de Italia, se enfrentaron los ejércitos de Roma y sus aliados itálicos, mandados por los cónsules Varrón y Paulo, y los de Cartago y sus tropas íberas, dirigidas por el gran Aníbal Barca.
La batalla pasaría a la historia por ser una clase magistral de táctica a cargo del cartaginés, que ha sido profusamente estudiada y utilizada desde entonces.
Era la tercera derrota severa en 2 años después de las de Trebia y Trasimeno, y le habían costado a Roma, según la Wikipedia, el 20% de la población masculina y el 12% de la población activa.

El fin de una batalla siempre es ocupar el campo enemigo y lograr los objetivos estratégicos. A pesar de la destrucción del ejército romano, Aníbal no logró rendir Roma, ni acordar un nuevo tratado que sustituyera al de la I Guerra Púnica, lo que demostró que la destrucción de la capacidad operativa del enemigo, si no va a acompañado del fin que se persigue, es inútil.

Se habla poco de la bonita cama que le preparó la nobleza cartaginesa a Aníbal en su guerra en la península itálica, escatimándole tropas y recursos durante toda la campaña, y que después de Cannas, tanto necesitaba para sitiar Roma y ganar la guerra, celosa del poder que obtendría su familia con la victoria sobre Roma, y sin medir que no era una simple guerra por un nuevo tratado, si no por la supervivencia de una de las dos potencias.

Lo fundamental al final de esta contienda es la Roma que emerge.
Antes de la guerra contra Cartago, Roma tenía ambiciones sobre Italia y sobre el comercio del Mediterráneo occidental, a su finalización está en la cima del mundo, si descontamos China*

*Roberto Moral dixit.

viernes, 7 de julio de 2017

El olvidado señor Cayo

Francisco Rabal sigue jugando solo a las cartas en una mesa, que es jugársela contra la muerte. Hay gente mirando, cobarde o expectante, sin entrar al juego. Y consecuentemente, Delibes lo ha convertido en un personaje de Shakespeare, la cruda realidad, perdiendo todas las veces, porque es enfrentarse a la misma muerte.
                                    
Nuestra Castilla juega esa partida, se hace vieja, se vacía, se muere. Y la efigie de Rabal encarnando al señor Cayo, y la del gran Delibes, emergen, tozudamente, -como un misterio sencillo de la Santísima Trinidad- para contarlo cada día a quien quiera prestarle oídos.

De vez en cuando visito la película -y algo menos de lo que debiera, el libro- toda ella una foto, un grito de resistencia y dignidad ante un gobierno, que en esta, nuestra Comunidad, vive de espaldas a la realidad, tozuda, y más aún a la realidad del campo, igual de tozuda, que se muere y no es atendida. Y en Castilla y León que las instituciones vivan de espaldas a la mayor parte del territorio no tiene nada de literatura y todo de inmoralidad y tragedia.

martes, 4 de julio de 2017

Sobre la Trilogía de Posteguillo del Emperador Trajano

Terminada la trilogía de Posteguillo sobre el emperador Marco Ulpio Trajano, uno de esos hombres grandiosos que Roma produjo en cantidades industriales.
Trajano era hispano, y sino lo fuese, quizá ya tuviese al menos una película inmortal a lo Brando haciendo de Julio César. Pero era andaluz.

Posteguillo tiene buena mano con la dinámica narrativa (hay momentos que son en realidad una película), y para contar las batallas, echo en falta algo más de desarrollo psicológico en los personajes, (fundamental para la trama política. Posteguillo no es McCullough, quizá nadie esté a ese nivel), pero en general una serie de nivel aceptable, teniendo claro que es una novela histórica de un personaje del que no han llegado demasiadas fuentes escritas (el propio Emperador escribió un libro sobre su campaña de la Dacia que se perdió) y el autor ha tenido que imaginar algunas cosas, aunque siempre trata de poner una base histórica, lo cual es de agradecer.

Estos libros son también una suerte de libros de viajes, así que me han entrado ganas de volver a Rumanía y visitar las ruinas dacias que no pude ver cuando estuve, esta vez a través de los ojos del gran Trajano, o cruzar el Eufrates (cuando terminen las guerras que lo asolan ahora) siguiendo el trazado de su campaña de invasión del reino de Partia motivada fundamentalmente por ser intermediario en la "Ruta de la seda", por la que Roma y China hacían sus intercambios comerciales, que no es tema menor, Plinio "el viejo" nos cuenta que Roma invertía 100 millones de sestercios anuales en importaciones chinas.

Seguramente continúe porque me he dejado cosas en el tintero.

El Cid II

Entrelazado en el aire,
al pie del Arlanzón,
el alma guerrera
más grande que el medievo contempló,

reivindica la historia
que la dictadura le robó.

Campeador victorioso
tu sangre, sudor y hierro,
huérfano de señor,

está en todo alma buena
de los hijos, hijas, de la ciudad de Dios.

lunes, 3 de julio de 2017

El Cid

Cada vez que paso por allí, cada vez, aunque ande mi mente enredada en geografías, que me hagan mirar hacia otro lado, es inevitable, siempre va mi vista a buscarlo, como quien busca aire, en la Plaza del Cid, desafiando con su espada el aire, acongojando el cielo.

Soldado primero de las luchas medievales en fronteras de diablos, moros y cristianos, y orgullo de mis paisanos mil años después.