martes, 2 de abril de 2013

Ya es PRIMAVERA en El Corte Inglés

(Para que nunca se olviden las ganas de recordar que lo no importante es lo que más importa)

(I)
Es invierno
pero
¡ya es PRIMAVERA en El Corte Inglés!

Decretado el invierno a perpetuidad
nos anuncian
(comercialmente hablando)
la PRIMAVERA.
Afortunados sus consumidores
allí, a lo que parece,
nunca habrá de faltarles.

Y a lo que parece
es la única estación que retienen esos estantes:
Con sus flores
estampadas,
sus vestidos
descarados,
sus bolsos
primorosos,
sus complementos
a juego
y sus colores
colorosos
de hechizos chupiritifláuticos
-un primor para adornarse-
tal y como ordenan
cánones y reglas
del buen vestir para el ciudadano ejemplar.




Su publicidad empapela
estaciones de metro, marquesinas de autobús, 
caras de personas, reflejos solares, nubes, telas de araña, partículas de polvo,
vallas 
publicitarias -valga la redundancia-
Y todos esos lugares propicios a la publicidad
-tridundancia-.

No recuerdo su nombre
pero una de las actrices del anuncio,
la más joven diría yo,
es un ser de una belleza superlativa,
propulsora en mentes más o menos fabuladoras
de mitologías y onanismos.
Y hay que hacer notar
porque es
de una curiosidad superlativa
-redundancia-
que por Aitana Sánchez
no caminan los años
pero
pasan
supongo 
el photoshop y el bisturí
o los dos instrumentos a la par.
Incandescente
de adolescente
me moría por uno de sus besos,
aunque fuese uno de los insignificantes.

(II)
Debo dejar de hacer experimentos con mi estómago,
las patatas                               ¡SALVAJES!
                                  ¡SALVAJES!
                 ¡SALVAJES!
¡SALVAJES!
que he comido con José Luis
pelean en mi estómago.
Comiendo
se describía
turbado por una mujer maldita,
¡Maldita sea!
¡Malditas sean!
Aunque su alma está enfurruñada y pega portazos a veces,
no se viene abajo,
vuelve a abrir las puertas
y pelea como un Titán
                                    con el alma en v
                                                                 i
                                                              l
                                                                o.
Hasta cambió él solito y sin ayuda de nadie                de su casa
                                                                              el suelo.
Qué se habrá creído, hasta el maldito Superman necesita ayuda.
Yo iba a ayudarle a esa cosa rara de cambiar el suelo
pero no llegué a tiempo,
estaba salvando a la ciudad de DIOS de su desahucio.
Al menos tiene claro a quien quiere
y en estos tiempos de usar y tirar
y PRIMAVERAS empapeladas a voz en grito
es un artículo de lujo,
inexistente en esos estantes
de diseño Chernóbil
de El Corte Inglés.
Seguramente pueda añadir un lugar propicio al enamoramiento,
   pero AMOR
  ¿AMOR?
AMOR no vas a encontrar.
Ni una maldita florecita
aunque las estampen
en
vestidos
más o menos descarados
y lo repitan empapelando cada palmo de ciudad.

(III)
Pasillos habitados por personas radioactivas
cambiaron la capacidad de llorar por una VISA,
las ganas de recordar
que lo no importante importa
y,
las
de
olvidar
todo lo que no pueda ser adquirido con tarjeta
o pueda pagarse a plazos.

(IV)
En algunas de esas estaciones de metro
empapeladas
el agua de lluvia se filtra,
se cuela en cubos de plástico (de señoras de la limpieza)
que cambian su adicción al polvo por beber agua de lluvia,
o
hace charcos que sorteo.
Andenes que jamás verán la luz del sol beben agua de lluvia.

(y V)
                             Hoy no he llorado,
pero llovió y lloví.
Hoy aún no he llorado, pero ahora vienen las malditas ganas.
Como un vómito siempre.
Hago charcos y pongo cubos para no mojar al vecino de abajo.
Estas ganas aunque no lo parezca son un preciado artículo
imposible de ser adquirido
con la tarjeta VISA de El Corte Inglés.
Llorar y mis ganas de llorar me hacen un ser único, un ser abrazado
a lo más profundo
                           de la vida. 
Casi nada es trágico cuando lloro.
Llorar me pone lo más alejado que se puede estar de la tristeza y el dramatismo
de la inhumanidad y los pagos a plazos.
Llorar me hace arrojarme a la vida con la mayor de las intensidades
y con la mayor de las intensidades
me
recibe
la
vida.

LA VIDA.

2 comentarios:

  1. Sin comentarios... y ni falta que le hacen, lo dices todo, aunque debo decirte... te olvidaste o fue un despiste consentido, de los consabidos "corticoles".
    Siempre habrá gente pasada y teñida por la MODA, pero te dire aunque sea primavera en el Corte Inglés que no es allí donde florecen las flores, su primavera se compra barata y se vende cara, pero no es allí donde crecen las flores.

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    1. La primavera la hacemos nosotros mismos.

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