lunes, 3 de junio de 2013

Sangre en las calles


Sangran las calles de la vieja Estambul y la sangre, roja, como siempre, es la de los de siempre y mancha el asfalto y las baldosas en la misma proporción terrible de siempre, porque el hecho de sangrar implica una violencia, en este caso ejercida desde el poder y la impunidad.

Me vino a la mente aquella canción de La conjura de los necios ... fue lo de siempre, piedras contra balas y botes de gas...

Fue lo de siempre porque los lados de la barricada son siempre los mismos, los de arriba disparan y los de abajo manchamos asfalto y baldosas de sangre. Los de arriba criminalizan nuestra indignación y nosotros llenamos las cárceles y los juzgados, mientras ellos celebran fiestas, navegan en sus yates y se descojonan en nuestra puta cara. De ahí que esa frase "el miedo va a cambiar de bando" cobre todo su sentido y se convierta en algo imprescindible.




Estamos inmersos en tiempos donde vamos a sangrar y pagar con muchas vidas la resistencia a que nos recorten los sueños y el aire necesario para respirar. Y no porque sea cierto que un fantasma recorre Europa. Lo que recorre el viejo continente es la depredación de los de arriba convertida en miseria para nosotros la mayoría, los de abajo (se superan los 19 millones de desempleados en la eurozona -y subiendo-). 

Doloridos por los latigazos del capataz somos incapaces de ver que quienes disponen de nuestros sueños, aire y vida en realidad no se presentan a las elecciones ni nos disparan en las manifestaciones. Nuestra esperanza ha de derrotar al miedo que nos inyectan, al miedo de sangrar, al de llenar las cárceles, al de pensar que no hay más futuro que el que dicen los telediarios.

... que no se atrevan jamás a ofenderte a la cara que tú has de darle mi vieja, seno a la esperanza; que tú has de darle mi niña, nombre a mi esperanza.

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