sábado, 12 de octubre de 2013

Lágrimas de niños

Montussan, Región de Aquitania,  Francia,
medianoche y pico del 29 de septiembre de 2000 y trece.


Llueve una lluvia 
                               como de lágrimas de niños 
sobre este pedazo 
                               de la campiña de Aquitania.

Con mi recuerdo recurrente en estos tiempos, del niño que soñaba el adulto que sería-soy (por la cuesta abajo -exclusivamente económica- constante y sin la certeza de haber alcanzado el fondo).

¿Dónde están los hombres que soñábamos nos convertiríamos?
¿Y el que soñé yo?:
-Futbolista campeón de la Copa del Mundo, 
-Bombero salvavidas 
de gatos de copas de árbol,
-Maestro de mi clase,
 -O una persona muy parecida a papá 
                               con casa, mamá y niños
-creo que mi padre
                               fue
                               el primer héroe que quise ser.

Tiempos aciagos o tal vez no estaba predestinado, pero aún así, soy feliz con mi vida. Eso es lo más importante y ya que tengo este espacio dejo constancia escrita. Y lo reescribo y me lo repito en voz alta mientras lo hago: SOY FELIZ CON MI VIDA: Mi alma despierta luchando y trabajando por un mundo diferente, la música que escucho y la que creo con mi alma despierta, despierta, despierta, luchando, luchando, luchando, la poesía que escribo y la literatura que leo, mis pasiones y todo aquello que me conforma.

Llueve a medianoche una lluvia 
como de lágrimas de niño 
                               por un adulto que no está.

Llueve 
sobre un pedazo de tierra con viñas 
                               un coro de niños 
por los adultos perdidos. 

Y lloran como lluvia 
sobre estos países que no son los nuestros 
y nos dan trabajo y casa (no hogar) 
                               a la espera 
de que escampe esa otra lluvia sobre nuestras cabezas 
que nos niega futuro y dignidad 
                               -porvenir no queda-...


continuará...

jueves, 10 de octubre de 2013

La sed del exiliado

¡No me quiero ir!

¡No quiero!


Pero nos echan
¡nos echan!
al exilio,
al mar de los gusanos,
a la nada.

Nos exilian a un desierto de sal.