viernes, 7 de julio de 2017

El olvidado señor Cayo

Francisco Rabal sigue jugando solo a las cartas en una mesa, que es jugársela contra la muerte. Hay gente mirando, cobarde o expectante, sin entrar al juego. Y consecuentemente, Delibes lo ha convertido en un personaje de Shakespeare, la cruda realidad, perdiendo todas las veces, porque es enfrentarse a la misma muerte.
                                    
Nuestra Castilla juega esa partida, se hace vieja, se vacía, se muere. Y la efigie de Rabal encarnando al señor Cayo, y la del gran Delibes, emergen, tozudamente, -como un misterio sencillo de la Santísima Trinidad- para contarlo cada día a quien quiera prestarle oídos.

De vez en cuando visito la película -y algo menos de lo que debiera, el libro- toda ella una foto, un grito de resistencia y dignidad ante un gobierno, que en esta, nuestra Comunidad, vive de espaldas a la realidad, tozuda, y más aún a la realidad del campo, igual de tozuda, que se muere y no es atendida. Y en Castilla y León que las instituciones vivan de espaldas a la mayor parte del territorio no tiene nada de literatura y todo de inmoralidad y tragedia.

martes, 4 de julio de 2017

Sobre la Trilogía de Posteguillo del Emperador Trajano

Terminada la trilogía de Posteguillo sobre el emperador Marco Ulpio Trajano, uno de esos hombres grandiosos que Roma produjo en cantidades industriales.
Trajano era hispano, y sino lo fuese, quizá ya tuviese al menos una película inmortal a lo Brando haciendo de Julio César. Pero era andaluz.

Posteguillo tiene buena mano con la dinámica narrativa (hay momentos que son en realidad una película), y para contar las batallas, echo en falta algo más de desarrollo psicológico en los personajes, (fundamental para la trama política. Posteguillo no es McCullough, quizá nadie esté a ese nivel), pero en general una serie de nivel aceptable, teniendo claro que es una novela histórica de un personaje del que no han llegado demasiadas fuentes escritas (el propio Emperador escribió un libro sobre su campaña de la Dacia que se perdió) y el autor ha tenido que imaginar algunas cosas, aunque siempre trata de poner una base histórica, lo cual es de agradecer.

Estos libros son también una suerte de libros de viajes, así que me han entrado ganas de volver a Rumanía y visitar las ruinas dacias que no pude ver cuando estuve, esta vez a través de los ojos del gran Trajano, o cruzar el Eufrates (cuando terminen las guerras que lo asolan ahora) siguiendo el trazado de su campaña de invasión del reino de Partia motivada fundamentalmente por ser intermediario en la "Ruta de la seda", por la que Roma y China hacían sus intercambios comerciales, que no es tema menor, Plinio "el viejo" nos cuenta que Roma invertía 100 millones de sestercios anuales en importaciones chinas.

Seguramente continúe porque me he dejado cosas en el tintero.

El Cid II

Entrelazado en el aire,
al pie del Arlanzón,
el alma guerrera
más grande que el medievo contempló,

reivindica la historia
que la dictadura le robó.

Campeador victorioso
tu sangre, sudor y hierro,
huérfano de señor,

está en todo alma buena
de los hijos, hijas, de la ciudad de Dios.

lunes, 3 de julio de 2017

El Cid

Cada vez que paso por allí, cada vez, aunque ande mi mente enredada en geografías, que me hacen mirar hacia otro lado, es inevitable, siempre va mi vista a buscarlo, como quien busca aire, en la Plaza del Cid, desafiando con su espada el aire, acongojando el cielo.

Soldado primero de las luchas medievales en fronteras de diablos, moros y cristianos, y orgullo de mis paisanos mil años después.