viernes, 7 de julio de 2017

El olvidado señor Cayo

Francisco Rabal sigue jugando solo a las cartas en una mesa, que es jugársela contra la muerte. Hay gente mirando, cobarde o expectante, sin entrar al juego. Y consecuentemente, Delibes lo ha convertido en un personaje de Shakespeare, la cruda realidad, perdiendo todas las veces, porque es enfrentarse a la misma muerte.
                                    
Nuestra Castilla juega esa partida, se hace vieja, se vacía, se muere. Y la efigie de Rabal encarnando al señor Cayo, y la del gran Delibes, emergen, tozudamente, -como un misterio sencillo de la Santísima Trinidad- para contarlo cada día a quien quiera prestarle oídos.

De vez en cuando visito la película -y algo menos de lo que debiera, el libro- toda ella una foto, un grito de resistencia y dignidad ante un gobierno, que en esta, nuestra Comunidad, vive de espaldas a la realidad, tozuda, y más aún a la realidad del campo, igual de tozuda, que se muere y no es atendida. Y en Castilla y León que las instituciones vivan de espaldas a la mayor parte del territorio no tiene nada de literatura y todo de inmoralidad y tragedia.

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