sábado, 23 de junio de 2018

La batalla de Waterloo

En Waterloo el planteamiento estratégico de Napoleón Bonaparte fue, una vez más, brillante. (No cabe duda que sobre el papel ganó esta batalla). Para anular la superioridad numérica del enemigo, parte de Charleroi hacia Bruselas a las 15 horas del 15 de junio, introduciendo su ejército como una cuña entre el prusiano y el comandado por Wellington (compuesto de belgas, holandeses y británicos) separándolos y robándoles un día de marcha, planeando una primera batalla de destrucción contra los prusianos de Blücher, mientras contiene a los británicos, para después lanzarse a destruir a éstos. (La conocida como estrategia de la posición central.)
Sin embargo el día decisivo, el de la batalla de Waterloo, los ejércitos de la coalición volverían a unirse, porque Grouchy (al mando de 30000 franceses) después de la derrota de los prusianos no pone mucho empeño en su persecución y no impide que se unan al ejército de Wellington, para más inri no acude al campo de batalla de Waterloo, distrayéndose en el ataque a la retaguardia prusiana. La realidad es que Napoleón ha perdido a sus jefes más competentes durante los 20 años de guerras precedentes (le queda a Davout, al que tiene que dejar para controlar la situación en París), siendo Grouchy uno de los ejemplos perfectos de que la plasmación de la estrategia fue un desastre. Junto a ello, padeció una enfermedad estomacal que le puso, por así decirlo, fuera de acción en sus tres últimos años de guerra, y sin cuyas dolorosas crisis, su intrepidez y resolución, habrían continuado siendo las mismas que en su juventud, y la historia de su caída, así como la de la Europa hubiesen sido otras.

Entre esta batalla y la de Marengo habían transcurrido 15 años y 4 días, casi todo el tiempo en que Napoleón desarrolló su obra política como máximo dirigente de Francia. Como señala Emil Ludwig sobre la última Constitución promulgada bajo su gobierno "contiene todos los elementos de una Constitución democrática moderna; marcando un progreso decisivo sobre el derecho constitucional, sirviendo de ejemplo a todos los legisladores ese siglo. Nadie podrá sustraerse ya a su juez natural: nadie podrá ser encarcelado o desterrado sin un juicio legal; toda libertad es devuelta a la prensa y al ejercicio de los cultos. Todos los privilegios son abolidos, las discusiones serán, de ahora en adelante públicas, las Cámaras tienen derecho a proponer leyes, y a rechazar el presupuesto, los ministros serán responsables ante ellas y los diputados serán los encargados de presentar leyes nuevas".

(Escrito el 18 de junio de 2018, 203 años después de la batalla más importante del siglo XIX. Waterloo.)

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